Nos vemos en el espacio, David Bowie

David_bowie_heroesLo he escuchado por la radio cuando aún no era noticia. No al menos confirmada. En un día que se presentaba repleto de nombres propios, Puigdemont nuevo president, Messi repóquer de Balones de Oro… de repente aparecía otro más: David Bowie.

A las ocho de la mañana ya era una realidad confirmada, cómo no, por la misma vía veloz por la que llegan las noticias hoy, el mundo de los 140 caracteres (ahora ya 160) y los titulares rápidos y concisos. A veces ligeros y efímeros. En ocasiones contundentes y demoledores. Jordi Basté, desde el altavoz de RAC 1, despertaba a la audiencia con una última hora que pasaba por encima de las demás. Twitter era la vía por la que oficialmente el hijo de David Bowie comunicaba su muerte. El Duque Blanco ya había iniciado su último viaje al espacio. Demasiado pronto para ser el último. Demasiado brusco a tres días de ser noticia por sacar a la luz su último disco. Su regalo de despedida.

He marchado de casa con la noticia tan reciente que ni siquiera era Trending Topic, ni ninguno de mis amigos, conocidos, seguidos… había inundado todavía los muros de las redes sociales con las mil caras de quien acababa de irse. Un comportamiento social normal, que se magnifica en el universo online. A veces sencillamente por postureo, a veces porque cuando un personaje tan conocido se va,  se necesita empatizar con esa especie de dolor colectivo y expresar en voz alta alguno de los recuerdos, pocos o muchos, que afloran. Y a veces porque realmente se ha recibido mucho de quien nos deja. Y aunque el legado sea enorme, en ese momento se siente de manera proporcional el vacío.

Durante el día Spotify me ha servido de bálsamo para redimir mi despego del Bowie que me fascinó y desconcertó en los 80. Porque esa fue la década en la que lo descubrí y la cara de Bowie que más disfruté, la de la estrella del pop.

Para una recién adolescente de 14 años, que empezaba a superar su etapa Mecano y caía rendida a los ambiguos encantos de Michael Jackson, y con él a los ritmos del pop y a las voces negras de la Motown, la irrupción de Bowie era poco menos que perturbadora.

Qué gran año el 83. No sólo aparecía Thriller para sacudir mi mundo, sino que la era del videoclip entraba en una nueva dimensión, y más allá de mi querido Michael, o del chico que salía del cómic para rescatar a la protagonista y hacernos suspirar a ritmo de Take on me, el clip era una buena vía para descubrir y consumir música.

Y no me extrañaría que Bowie me atrapara en la escena del beso de China Girl. Ese beso en la calle dando vueltas y más vueltas, girando sobre sí mismos, con la intensidad que devolvía los colores a una imagen que empezaba en un único tono.

 

China girl, Let’s Dance y la maravillosa Modern Love. Un año más tarde, seguía bailando con Blue Jean, y algo más tarde Jagger  se unió a la fiesta con Dancing in the Street.

Del 83 al 85…posiblemente 86 que aquí todo llegaba algo más tarde. O quizás empezó algo antes sin ser yo consciente, con el Under Pressure cantado con Mercury. O tal vez ya en los 70… cuando apareció Ziggy Stardust y el hombre dio paso al icono.

Sea como sea, este puñado de canciones ochenteras,  a las que añado Life on Mars, Ziggy Stardust, Heroes y las sublimes, sublimes, sublimes… Space Oddity y Starman, siempre han estado en mi. Esa es la colección que me llevo de Bowie.

Esa es la colección que le debo, y que influenciara a tantos y tantos músicos a los que he seguido y admirado. Desde Spandau Ballet, que irrumpieron en mi mundo justo cuando Bowie salió, entre el 86 y el 87 hasta Sidonie, quienes nunca se olvidan de recordarlo.

Solo nos queda desearte un buen viaje, y darte las gracias. Aquí, al otro lado del espacio, cuidaremos tu legado (que como artista global no solo se reduce al mundo de la música) y te seguiremos disfrutando.